El Día
|
A través de Adastra me entero de la publicación por parte del periódico El Día de un artículo incluido en su editorial que hace referencia al cambio de nombre de la actual isla de Gran Canaria. En él se propone, a grandes rasgos, que se debe aprovechar la reforma prevista del estatuto de autonomía para llevar a cabo dicha modificación. Es más, aporta el nombre de 'Canaria' como alternativa al actual aludiendo que la opción del vigente nombre (refieriéndose concretamente al 'Gran') fue con la clara intención de establecer una diferenciación ventajosa frente a las demás (Tenerife sobretodo) en temas como el turismo o la relevancia exterior. Independientemente del trapiche histórico que haya sido (o dejado de ser) me resulta vergonzoso que un periódico con la tirada de El Día en la provincia occidental haga alusión sistematicamente (y en ocasiones dando lugar a la tergiversación) al fomento del pleito insular con temas esencialmente cuya relevancia social (o económica si nos ponemos) resula insignificante. Digo económica porque me vienen a la cabeza datos expuestos en Borondonia referentes a la realidad canaria publicados recientemente por el INE. Según éste, en Canarias tenemos, por ejemplo: un 24'1 % de personas por debajo del umbral de la pobreza (más de 4 puntos por encima de la media española), una renta media por hogar por debajo también de la media española o un nivel de analfabetismo que supera con creces el nivel medio en España. Podemos con eso y encima nos da tiempo para cambiarle el nombre al vecino. Tampoco me haré el santo. Un archipiélago cuyas dos islas principales ostentan similares datos demográficos totales nos deja un contexto susceptible de crear rivalidades materiales en torno a la preeminencia de una sobre la otra (presupuestos, infraestructuras, instituciones, sedes, medios, comunicaciones, etc.) y eso se ve reflejado en el terreno político desde donde, por ejemplo, nos venden que somos 'Una tierra única' y luego aparecen declaraciones como ésta. La rivalidad existe pero se agrava (tan sólo atendiendo a la repercusión mediática de la misma) cuando el pulso lo toman nuestros políticos o los medios de comunicación, quiénes en ocasiones dudo si son conscientes de sus actos (o quizás sí). Ojo, esto lo escribe un chicharrero que defiende su carnaval o su equipo frente al de la isla vecina. Ese pique sano tiene otra connotación (sin intención alguna de dar aquí clases de nada) y no el que nos pretenden meter en vena editoriales como la comentada cuyo fin parece estar dirigido a provocar el odio mutuo. Lo que no se puede hacer es alimentar al lector con semejante porquería impropia de cualquier medio de comunicación con un mínimo de decencia y criterio (aplicable también al discurso político). En fín, así nos va. |



adastra dijo
Hey, no está nada mal tu análisis. Yo sé que estas rebambarambas solo la montan algunos imbéciles instalados en la política y en los medios. Sé que también hay gente de a pie, en ambas todas las islas, que se dedican a despotricar de forma constante contra los de la isla de enfrente. Como siempre he dicho, la estupidez no sabe de fronteras. Ni de regiones.
Por lo tanto me quedaré con unos comentarios de mi amiga Alba, de la Gran Isla. Ella me dijo en una ocasión que los canarios somos peculiares porque nos presentamos al mundo diciendo «soy canario» (o canaria). Eso no lo verás por ejemplo en las Islas Baleares. O sea, en el fondo los canarios sí que consideramos que esta es una tierra única. Pero los políticos y los cretinos (ambos grupos intersectan fuertemente) no, por lo visto.
Saludos de un canarión :)
18 Enero 2006 | 03:04 PM